CANCIONERO BERCIANO

Sección 5ª: ROMANCES

QUE EN OYÉNDOME CANTAR  (Jota para rondar) 

 

Que en oyéndome cantar,

tengo yo un compañerito,

que en oyéndome cantar

deja la cama y el sueño

y me viene a acompañar,

tengo yo un compañerito,

que en oyéndome cantar.

 

Cantaremos a porfía,

canta, compañero, canta,

cantaremos a porfía,

tú le cantas a tu novia,

yo le cantaré a la mía,

tú le cantas a tu novia,

yo le cantaré a la mía.

 

Novia de un amigo mío,

las buenas noches te doy,

novia de un amigo mío;

si no te casas con él

me pesará el haber venido.

               

LA PASTORA   

 

El que quiera laurel

que se vaya a Los Barrios por él.

El que quiera cantar

que se venga conmigo a rondar.

 

Dicen que la pastora ya no va al río

porque el novio que tiene salió al camino.

No sé qué le habrá dicho, que anda llorosa,

si será porque lleva la saya rota.

La saya rota, niña, la saya rota,

y anda coloradina como una rosa.

 

Dicen que la pastora ya no va al río,

que va a los renazales de otro vallino.

No va por los caminos ni por veredas

que va por medios montes que no la vean.

Que no la vean, niña, que no la vean,

los ojos de aquel mozo de la ribera.

 

Coloradina, a que no sales

por la ribera que te dé el aire;

que te dé el aire, que te dé el viento,

coloradina como un pimiento.  (bis)

 

Tengo de ser para ti,

ramillete de flores;

tengo de ser para ti

si me prestas amore. (bis)

 

Y el que quiera laurel,

que se vaya a Los Barrios por él.

               

SI QUIERES QUE YO TE QUIERA  (Vals – Ronda) 

 

Ya viene la primavera

sembrando flores, sembrando flores,

ya los campos se visten

de mil colores, de mil colores.

 

Tengo un as, tengo un dos, tengo un tres,

tengo un cuatro, un cinco y un seis,

con un siete, una sota, un caballo,

tengo un rey con la espada en la mano.

 

Si quieres que yo te quiera,

criada del escribano,

déjame echar una firma

y échale la culpa al amo,

y échale la culpa al amo,

y échale la culpa al amo.

 

Si quieres que yo te quiera

has de limpiarme el camino

pa no pisar las arenas

cuando voy por agua al río,

cuando voy por agua al río,

cuando voy por agua al río.

 

Algún día por ti ver

abrí puertas y ventanas,

y ahora por no ti ver

todas las tengo cerradas,

todas las tengo cerradas,

todas las tengo cerradas.

               

POR EL CAMINO DE SANTIAGO  

 

Mayo largo, Mayo pardo,

días son de buena calor,

cuando sale doña Blanca

para el su florido balcón.

 

Vio venir un peregrino

arrimadito al su bordón

de los que para Santiago

van de peregrinación.

 

Peregrino que venides

por los montes de León,

¿vísteis cazar por los altos

al alcaide cazador,

al más diestro cazador?

               

LA SERRANA  

 

Era Domingo de Ramos,

encountrome y encuntrela,

encountreime a la Serrana

en las grutas de la sierra.

Atrevime, pregunteile

pour aquello que allí cuelga.

Son cabezas de outros hombres

y peleisus de rapiela,

lo que vou de hacer countigo

cuando mi nouvedad seas,

cuanto mais pa dentrou me intra

más me aprieta lais moñecas.

 

Ella se puso la llumbre,

ella perpara la cena,

para ella los pichones

y para min las rapielas.

Bebe, serranillo, bebe

vino por la calavera,

que mañana será otro

el que por la tuya beba.

cuando quedose dormida

legua y media yo anduviera.

Cogió la fondia en la mano,

salió a tirame una piedra.

 

La primera que tiró

me derribó la montera.

Vuelve, serranillo, vuelve,

que te queda la montera.

La montera ya no es mía,

la montera ahí te queda;

que yo voy a comprar otra

que nueva tenga la seda.

Por dios pídote, serrano,

que non sea descubierta;

descubierta nou serás

hasta las primeras ventas.

 

Peguei parte al monicipio

y acordaron de prendela,

todos a tropel corrieron

mas ninguno se le acerca.

El más diestro tirador

le tiró con una flecha,

mas cuando quedó herida

bramaba como una fiera.

Entonces, despavorida,

corría como una cierva,

en sintiéndose perdida

desde arriba se despeña.

               

EL PORDIOSERO  (Maravedí) 

 

I:

Bajara Nuestro Señor

vestido de carne humana

a pedir una limosna

por esta tierra mundana.

 

Llama a la puerta de un hombre

por ver qué limosna daba,

y el bueno del labrador

pronto llamó a la criada.

 

¿Quién es ese peregrino, la ilumineira

que tu puerta va a pedir, maravedí?

Es el Hijo del Dios vivo, la ilumineira,

que nos viene a redimir, maravedí.

 

II:

Daile una limosna al pobre

y pónele mesa franca;

el pan se cubrió de flores,

los platos, fuentes de plata,

los vasos holanda de oro

que los mismos platos realza.

 

El bueno del labrador

amargamente lloraba.

Pero, ¿qué es esto, Dios mío?

al ver tal riqueza en casa.

 

¿Quién es ese peregrino, la ilumineira

que tu puerta va a pedir, maravedí?

Es el Hijo del Dios vivo, la ilumineira,

que nos viene a redimir, maravedí.

               

DANZA DE LA RONZAINA  

 

En casa de los mis  padres

un traidor pidió posada,

mis  padres como eran nobles

al momento se la daban.

De tres hijas que tenía,

le  pidió la más galana.

La galana no la doy,

que no debe ser casada,

que se quiere meter monja

del convento Santa Clara.

 

A eso de la media noche

el traidor se la robaba.

No la sacó por la puerta,

ni tampoco por ventana;

la saca por el balcón

a favor de una criada.

En las ancas del caballo

afligida la llevaba,

anduvieron siete leguas

sin hablar una palabra.

Cuando pasan a las ocho

el traidor le preguntaba:

 

-¿Cómo se llama la niña?

¿cómo se llama la blanca?

-En casa del Rey, mi padre,

Elenita me llamaban,

y ahora por estos montes

Elena, la desgraciada.

 

Hizo lo que quiso de ella

y hasta escupirle en la cara.

Y como nadie le viera

el traidor la degollaba.

Le cortara la cabeza

y a un pedregal la tiraba,

lleno de zarzas y espinos

donde culebras cantaban.

Allí nació una ermita

muy blanquita y dibujada,

la llamaron Santa Elena,

la que murió degollada.

 

Al cabo de algún tiempo

el traidor fue de pasada,

les pregunta a los pastores

los que al ganado guardan.

 

-¿De quién es aquella ermita

tan bonita y tan blanca?

-Es la de Santa Elena,

porque allí fue degollada.

-Perdóname, Santa Elena,

que yo fui tu carcelero.

Perdóname, Santa Elena,

que yo seré tu romero.

-Si quieres que te perdone

y también el Rey del Cielo

arrímate a ese altar,

servirás de candelero.

 

Aun muy bien no lo había dicho,

ya el candil estaba ardiendo,

por la boca echaba llamas,

por los ojos echaba fuego.

Su figura quedó allí

para que sirva de ejemplo,

y el alma de aquel traidor

caminó para el Infierno.

               

EL CABALLERO INFORTUNADO   

 

De Villafranca a Bembibre

caminaba un caballero

todo vestido de blanco

montando un caballo negro.

 

En llegando a unas linares

cuatro ladrones salieron,

unos eran de Sahagún,

otros montañas del Bierzo.

 

-¿A dónde caminas, mozo

tan arrogante y contento?

-A Bembibre voy, señores,

que voy me a hacer casamiento.

 

Hablan de la niña blanca,

de los Infantes del Bierzo,

de los Reyes de león

y de aquel buen caballero.

 

Al llegar a un mesón

sacaron vino y bebieron,

ellos beben un cuartillo,

a él le dan cuartillo y medio.

 

En medio de la bebida

muy buenos brindis le dieron.

Sujetáronle entre todos

y quitáronle el dinero.

 

Lo llevaron de las manos

por detrás del monasterio,

diéronle cuantas pudieron

y tendiéronle en el suelo.

 

Desotro día lo encuentran

los monjes de Carracedo.

¿Por qué encuerdan las campanas?

Por aquel buen caballero.

               

PASTORA PEREGRINA  

 

Apenas nace la aurora

ya viene clareando el día,

vi bajar una pastora

por aquella serranía.

 

Por aquella serranía,

toda cubierta de nieve,

vi venir una pastora,

toda cubierta de pieles,

que por descansar se sienta

debajo de los laureles.

 

Ella trae unos papeles

con la historia de su vida,

que según los va leyendo

se va quedando dormida.

 

Pobrecita la pastora,

la pastora peregrina,

toda cubierta de flores

se fue quedando dormida.

 

Toda cubierta de flores

quedó tendida en los campos.

Que dios la tenga en su gloria

por haber sufrido tanto.